Coches que se conducen solos, ¿camino a la perdición?

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Road To Perdition – Sam Mendes, 2002.

Cuando se habla de la transformación digital de la economía no nos referimos solo a un cambio de métodos productivos y de cultura empresarial propiciado por la tecnología. Nos enfrentamos a ver desaparecer actividades que han estado con nosotros toda nuestra vida, como por ejemplo conducir un vehículo.

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que mi abuelo me dejó conducir su coche. Corría el año 1974 y yo tenía 10 años. En la Casa de Campo de Madrid me senté en el asiento del conductor, no llegaba a los pedales y el me ayudó a hacer que el coche se moviese 2 metros. Aquel día descubrí la que sería una de mis actividades favoritas, en realidad casi como el respirar para mí: conducir.

Acumulo 30 años conduciendo de manera ininterrumpida, cerca de 400.000 km a mis espaldas a lo largo de los cuales he tenido que tomar infinitas decisiones y controlar de manera absoluta la marcha del vehículo, lo que me ha producido un placer especial. Soy un aficionado al mundo del motor en toda regla, he de admitir. Y como cualquier aficionado sigo con especial interés todo lo relativo a una industria que está a las puertas de un cambio tan sustancial que no terminamos de creer lo que supondrá para las generaciones venideras: la llegada del coche autónomo, aquel que es capaz de conducirse por si mismo sin intervención humana.

Cuando empezamos a escuchar las primeras noticias del coche de Google nos parecía un proyecto tan fascinante como lejano. Sin embargo son ya el presente. Los coches de pruebas han recorrido más de 2 millones de kilómetros y solo han tenido 12 accidentes, ninguno grave, todos en ciudad y por causa de errores de otros conductores.

A principios de mayo Daimler presentó en carretera el primer camión autónomo. Elon Musk, CEO de Tesla Motors, asegura que su Model S puede conducir con piloto automático el 90% de los trayectos. Se sabe que BMW tiene muy avanzada su gran apuesta en este campo, y General Motors planea sacar al mercado el suyo para 2017.

Consultoras y expertos del sector de la automoción hacen pronósticos muy optimistas sobre su evolución. Morgan Stanley sostiene que para 2022 la tecnología estará completamente desarrollada y para el 2026 comenzará a acaparar el mercado. Y Navigant Research prevé que alcanzará el 75% de las ventas para 2035.

¿Cuáles son las ventajas principales que prometen estos coches? comodidad, una casi absoluta seguridad y uso de energías limpias (todos son eléctricos o híbridos). Morgan Stanley estima que el ahorro en carburante, en gastos sanitarios por la reducción drástica de accidentes, el aumento de la productividad en el transporte (24/7) y la eliminación de los atascos gracias a las rutas inteligentes planificadas por ordenador supondrán unos ingresos extras para la economía norteamericana de 1,3 billones de dólares.

¿Y qué pasa con el placer de la conducción? Muchos pensaréis que si te gusta conducir, como a mí, no poder hacerlo será un handicap. Pero la sorpresa llega de la mano de una macroencuesta en Estados Unidos que reveló que el 60% de los conductores utilizarían un vehículo autónomo y un 32% afirmaba que no le importaría no volver a conducir.

¿Y las amenazas implícitas?

La principal ventaja, es la principal amenaza: el ahorro de costes para las empresas del sector del transporte será muy alto, porque se eliminan los conductores profesionales, se reducen drásticamente los gastos en seguros y el vehículo puede ser productivo durante las 24 horas (las máquinas no se cansan)

Por poner un ejemplo, de los varios que ya se pueden encontrar, solo en Estados Unidos hay 3,5 millones de camioneros y otros 5,2 millones de empleos asociados directamente a esa industria ¿Qué pasará con ellos cuando no sean necesarios?

Sectores más afectados

Un estudio de la Universidad de Columbia ha calculado que con solo 9.000 vehículos autónomos una empresa como Uber podría reemplazar a toda la flota de taxis de Nueva York. Además los pasajeros tendrían que esperar de media menos de un minuto y el coste bajaría a 50 centavos por milla (una carrera podría salir por un par de dólares).

Acerquemos esas cifras a casa: Madrid tiene 15.700 licencias de taxi y Barcelona 10.500, y en muchos casos al menos dos conductores por vehículo viven de dar ese servicio. Hablamos de unos 50.000 puestos de trabajo, solo en dos ciudades, que con el pronóstico actual, pueden desaparecer.

¿Y cómo repercutirá esa transformación en el sector de las aseguradoras, o en los servicios de logística y reparto, o en los servicios post-venta? Esos son negocios que mueven miles de millones de euros al año.

Algunos expertos ya anticipan el colapso porque la estructura económica no será capaz de absorber cambios tan drásticos en tan poco tiempo. Sin embargo otros expertos afirman que la tecnología abre un campo de posibilidades que ahora no somos capaces de valorar. Aunque algunos ya estén apuntando cifras, como hemos visto más arriba.

¿Vamos “Camino a la perdición”? Según veamos la botella medio vacía o medio llena, nuestra sensación personal será una u otra. Pero lo que nadie puede discutir a día de hoy, es que la infinita capacidad del ser humano por descubrir nuevos territorios, hace posible que estemos a día de hoy frente a uno de los mayores cambios, sólo imaginados en las novelas de ciencia ficción: la llegada de las máquinas inteligentes a nuestras vidas.

¿Dejarán a millones de personas en paro o crearán millones de puestos de trabajo más?

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Comentarios


  1. RafaG

    Muy interesante el post. Hoy con Alberto (@anotado) comentábamos sobre él. Parece que los camiones, o los trenes, marcarán el camino. Pero… ¿y los pasajeros? ¿Será igual de fácil incorporarlo al transporte público? ¿Confiarán los pasajeros? Y antes de adelantarse con la respuesta de “Por supuesto”… ¿porqué aún en el metro hay conductor? ¿de verdad es necesario? (en la Terminal 4 del Aeropuerto de Madrid hay un “metro” entre terminales sin conductor) ¿porqué no se ha avanzado en esto?
    Un tema apasionante, en el que a la tecnología, que siempre irá por delante, hay que añadir la legislación, la seguridad percibida, la educación recibida, los seguros, sindicatos,… espero que podamos ir viéndolo.

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