
No por repetido hasta la saciedad en los diferentes medios de comunicación es menos cierto que los tiempos que corren son de una acusada sensación de inestabilidad y cambio (crisis). Parece que nos hemos acostumbrado, de un tiempo a esta parte, a vivir con la constante voz de alarma y el miedo que suscita la incertidumbre de un futuro más que incierto. Y miles de señales negativas son bombardeadas indiscriminadamente y de forma constante a la sociedad.
Pero esa jocosa noria que llaman economía siempre continua girando. Ahora estamos sumergidos en el despertar de una época que nos ha tenido durante un tiempo dulcemente dormidos, inmóviles gustosamente acurrucados al calor de una sensación de cálida seguridad que nos permitía seguir durmiendo. Y, como siempre, cuando nos despiertan es desagradable. Muy desagradables son los últimos datos de la Encuesta de la Población Activa (EPA) del primer trimestre de este 2011 que sitúa el número de parados en España en los 4.910.200 dejan la tasa de desempleo por encima del 21% de la población activa y nos dan un claro aviso de que la situación en la que estamos sumergidos no era ninguna pesadilla, sino una cruenta y cruda realidad.
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