
Por naturaleza nos unimos a comunidades que comparten los mismos intereses, necesidades y objetivos. En esos grupos, colaboramos y conversamos sobre temáticas que nos mueven.
Las marcas ya han visto el poder de las comunidades y las están poniendo como centro de su estrategia social colaborando y proporcionando un lugar adecuado para que estas comunidades puedan conversar. La cuestión es: ¿Qué nos hace sentir lo suficientemente involucrados hacia cierta comunidad como para motivarnos a participar en la conversación y compartir ideas? Aquí es donde distinguimos las comunidades reales de las comunidades difusas.
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