Hace no demasiado tiempo, la gente aún te miraba extrañada cuando les preguntabas si tenían una dirección de correo electrónico. Unos meses después, todas las empresas medianamente importantes de este país querían tener presencia en la web, aunque fuese con una página fea y rígida, repleta de información redactada para el mundo offline y metida a capón en la web.
Como la historia es cíclica, aún tengo fresco en mi memoria el recuerdo de las penalidades pasadas para explicarle a los amigos qué era eso de Facebook (una mezcla de microblog, flickr, youtube, messenger…) y lo bueno que sería que se hiciesen un perfil para poder estar contacto sin importar la distancia o el tiempo. Unos meses después, es bastante frecuente que las empresas acudan a las agencias para que les hagan visibles en los Social Media o, más frecuentemente, para que les diseñen “una página en Feisbuk“?.
Y aquí acaba la analogía entre ambas historias. Si antaño bastaba con tener “presencia“? en Internet, en los tiempos de la conversación 2.0 las cosas han cambiado bastante… Casos como el de Dell Hell o el más reciente de la fanpage de Nestlé demuestran que posicionar a tu empresas a lo loco en los Social Media puede ser contraproducente, ya que los usuarios han dejado de ser ese sujeto pasivo que se llamaba “receptor“? en los antiguos esquemas de comunicación y se ha transformado en un “prosumer“? que genera contenidos y busca conversar de tú a tú tanto con otros usuarios como con la propia marca. Además, esto más que una moda es una auténtica revolución, que no ha hecho más que comenzar…
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