A la hora de plantear campañas de marketing, la tendencia natural es planificarlas con las estrategias y en los medios que mejor conocemos, y/o en los que nos recomiendan nuestras agencias. La mayor parte de estas recomendaciones suelen ser, como mucho, nuevas acciones en esos mismos medios y no nuevos enfoques. Y esto, lógicamente, nos lleva a campañas estándar en las que los resultados son, en el mejor de los casos, aceptables.
No tengo la fórmula secreta del éxito. Pero de lo que sí estoy seguro, es que para obtener buenos resultados, y de vez en cuando grandes éxitos, debemos hacer algo sencillo: pensar.
En la planificación anual, y cada vez que lanzamos una campaña deberíamos plantearnos que objetivos queremos conseguir, y cuál es la estrategia más adecuada.
Esta obviedad es algo que pocas veces se hace. Muchas empresas terminan por repetir una y otra vez las campañas que llevan años haciendo (“porque es lo que siempre hemos hecho“?) o si están empezando, imitan los modelos de la competencia, sin plantearse si es lo que más les conviene. Resultado: campañas estándar = resultados estándar.
