
La reputación online se compone de dos elementos: de un lado lo que decimos y, de otro lado, lo que dicen de nosotros. Lo primero es controlable. Lo segundo no. Invertimos muchos esfuerzos (en tiempo y dinero) en el primero de estos aspectos, pero seguimos expuestos, en un grado muy alto, a injerencias externas que pueden amenazar y poner en peligro el éxito de dichos esfuerzos. Esto último nos demuestra la importancia de monitorizar Internet, con tal de identificar qué se dice de nosotros en la red, quién lo dice y con qué fin. Tras lo cual, deberemos analizar esa información y decidir qué actuaciones deben llevarse a cabo al respecto. De ahí la gran relevancia que han adquirido figuras tales como los Community Managers y otros profesionales especializados en la gestión de la reputación online de empresas y personas.
Una buena gestión de la reputación online se basa, en una parte importante, en elegir acertadamente lo que se dice o se hace, pero también cómo y cuándo se dice o hace. Ya sabemos que un mensaje, por muy bueno que sea, si es malinterpretado por sus destinatarios puede tener consecuencias devastadoras.
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