
Reflexionamos en una entrada anterior sobre cómo se veía afectada la confianza de los lectores o clientes hacia los blogs corporativos, terminando la misma con una reflexión sobre cómo debería ser en realidad un blog corporativo para que no se perdiese la confianza en él. Tocaba el tema Enrique Dans ayer, reflexionando sobre los datos que había sacado Forrester, y que en dimensión tienen sus errores por incluir una muestra demasiado amplia en el estudio, sobre esta relación entre confianza y blog corporativo (al que hemos llamado banco de confianza), con un apunte interesante:
En efecto, empezar un blog es muy sencillo, pero hacerlo bien y mantenerlo no lo es. Y la escasa confianza que generan los blogs corporativos responde, pura y simplemente, en que muchas empresas los escriben, en realidad, con máquina de escribir de las de antes. Con estilos que tienden a parecerse mucho más a un folleto de producto que a un deseo de generar conversación, con personas cuyas características no son posiblemente las más adecuadas para hacerlo, o con ubicaciones en la web corporativa que demuestran la escasa importancia y visibilidad que se le quiere dar al tema. (…) El blogging corporativo conlleva abandonar muchas de las convicciones que los responsables de comunicación e imagen han vivido durante lustros: implica perder en parte el control de tu marca, aceptar críticas muchas veces desagradables, o contestar de forma solícita a personas con las que en ocasiones no querrías conversar ni siquiera sobre fútbol.
En el fondo, hacia donde se quería encauzar la crítica de la primera parte de estas dos entradas, era a corregir los errores en los que se iba cayendo cuando de hacer un blog corporativo, y cómo desarrollarlo, se trataba, empezando por los errores de promoción en los que incurrían los nuevos bloggers (sean o no corporativos).
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