
“Cuando se hizo la revolución francesa, ya se había ganado”.
Antonio Gramsci
Sentimos la necesidad de ponerle nombre a las revoluciones, de contar la historia del momento de la verdad. De cantar la hazaña y sus protagonistas. Somos esclavos del hito, del punto de inflexión, del toque de gracia. Somos muy del punto final, del ahora o nunca, de la explosión que lo explica todo. Del premio a toda una vida o no habrá vida que valga.
Decía Gladwell, que la revolución no sería tuiteada, poniendo en duda la capacidad de las herramientas 2.0 para desencadenar movimientos sociales o para reinventar el activismo, apenas meses antes de que se desencadenaran las revueltas árabes o el 15-M. Pero yo sólo he querido hacer la gracia con el título, porque mi punto en este post tiene más que ver con resaltar las diferencias de pensamiento estratégico entre oriente y occidente que expone Amador Fernández-Savater (gracias, José Luis por el link). Resumiendo, al dividir el mundo entre lo que es, y lo que debe ser, en Occidente nos pasamos la vida tratando de elaborar planes y de implantarlos. En Oriente, en cambio, se piensa que lo que es ya está bien organizado, y se busca la inercia de lo que ocurre para impulsar los cambios. Amador defiende que es una estrategia más adecuada en momentos de incertidumbre, donde tantos factores externos amenazan cualquier plan con objetivos concretos. Él lo refiere al movimiento 15-M, y yo busco hablar aquí de la transformación a la que se enfrentan las empresas con la llegada de “la nueva imprenta”.
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