Categoría “Publicidad”

Siguiendo su propia estela de anuncios polémicos, Ryanair aprovechó que la Reina de España tomó uno de sus vuelos la semana pasada (la única opción, dicen en la Casa Real, disponible aquel día entre Santander y Londres) para convertirla en protagonista de su último anuncio. Ya lo habían hecho antes con Zapatero y el matrimonio Bruni-Sarkozy. Este último anuncio les valió una indemnización de 60.000 euros a la pareja agraviada.

Sus campañas resultan sencillas y recurren a la provocación. A pesar de no contar con ninguna agencia de comunicación para su promoción, sueltan sus bombas publicitarias con cierta regularidad. Cada cierta cantidad de meses, y cuando ya nos habíamos olvidado de ellos, recurren a un nuevo collage polémico que les devuelve a los medios durante dos o tres días. Después, lo retiran y no ha pasado nada.

La máxima “que hablen de mí, aunque sea mal“? funciona a la hora de llevar la marca a la cabeza del posible cliente. Cualquiera que busque vuelos a bajo precio consultará las ofertar de Ryanair simplemente porque le ha venido a la cabeza. Pero si el contenido resulta muy polémico o choca con nuestras ideas (por ejemplo, la broma nos parece de mal gusto), el resultado de la campaña puede ser contraproducente.

Después de los últimos accidentes aéreos, la seguridad en los vuelos ha vuelto a ser tema de preocupación. Las bromas en el sector dejarán de hacer tanta gracia por un tiempo, y Ryanair proponiéndonos volar “como un monarca“? por unos euros dejará de parecer tan atractivo. Tal vez sería mejor que recurrieran a profesionales.

Vía | Adfreak

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El experto en marketing y en Social Media, Rohit Bhargava, recuerda algo que no nos gusta de la publicidad en la Red y que todos tenemos presente: que nos muestren el producto demasiado bien. Tanto que nos resulte engañoso. Bhargava pone el ejemplo de los hoteles de Santorini (con sus fotos retocadas y tomadas con ojo de pez), pero cualquier otro producto nos sirve, como pueden ser portátiles, teléfonos, revistas, impresiones y hasta alimentos (el caso de las hamburguesas de McDonalds y Burger King es también prototípico).

No obstante, argumenta Bhargava, en tiempos de la red 2.0, este tipo de marketing online puede resultar contraproducente. Si algo no gusta a los usuarios, estos se organizan para deshacer el engaño. En el caso de los hoteles de Santorini, han surgido las páginas de contenido creado por el usuario en que los propios viajeros reseñan y comparten su experiencia con fotos reales y comentarios sobre el servicio. Lo mismo sucede con cualquier producto que podamos imaginarnos.

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Nike lleva ya dos años permitiendo a sus clientes diseñar los colores de las zapatillas en sus tiendas Nikeid Studio. Consiste en permitir a los compradores elegir la combinación de pinturas que quieren aplicar al modelo de zapatilla que se van a llevar aconsejados por un asesor de estilismo personal. La marca ha instalado centros de este tipo en Tokyo, Nueva York, Londres y París y en Madrid sólo por 25 días, hasta el 6 de junio.

Creo que es una buena idea para mercados desarrollados. Implicar al cliente en el producto que va a comprar, además de hacerle pasar un buen rato con la marca, crea un vínculo emocional con esta y despierta el interés. Este interés es aprovechado exponiendo al cliente a varios productos distintos con la excusa de elegir el modelo más adecuado para el diseño de su, en este caso, zapatilla única y personal.

La presencia de un asesor/vendedor de estilismo está también muy bien pensada. Este guiará al cliente por el catálogo de Nike a la vez que profundizará en el proceso de vinculación con la marca que el cliente lleva a cabo implicándose en el diseño. Un paso más, publicitario aunque un tanto evidente, se da cuando al cliente le es ofrecida la posibilidad de enviar su diseño por correo electrónico a sus amigos.

La idea sólo tiene un punto flaco potencial: la calidad de las zapatillas. Después de poner tanto amor, como imaginamos que el cliente hará, en diseñar su zapatilla, la decepción sería terrible si esta se rompe al segundo partido de fútbol callejero o pierden el color al primer líquido que le cae encima en el bar. Dudo que el cliente quisiera entonces vestir unas Nike de nuevo. Y sus amigos se enterarían también con rapidez.

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El consorcio de productores de leche de California busca fomentar el consumo de leche con la campaña “toma leche”. El esfuerzo de la agencia Grupo Gallegos, al parecer dirigido a madres e hijos, y con especial atención al público de habla hispana, trata de destacar las ventajas del consumo de leche, como que favorece el sueño o atenúa los dolores menstruales. Hoy presentamos el spot que destaca los beneficios para el cabello.

El planteamiento de un cuento de hadas predispone rápidamente al espectador a escuchar la historia que contemos y la animación otorga fluidez a la narración. La atención queda capturada por la fórmula que inventó Dreamworks con su película Shrek, al trufar de anacronismos humorísticos los cuentos infantiles clásicos. El mismo intento del anuncio, emplear un cuento para una técnica de marketing moderna va en la misma línea.

Estamos tan poco habituados a la campañas de promoción de comportamientos que sus mensajes desconciertan. Mi primera reacción suele ser: “¿qué me intentan vender?“?. Por alguna razón me cuesta creer que nadie pague por hacerme llegar un mensaje recomendable para mí o teniendo un vínculo menos directo que el propio fabricante con el producto. Si no hay marca, me cuesta reconocer que se trata de un anuncio.

Creo que este planteamiento tiene el inconveniente de que el mensaje se olvida. “Toma leche“? es demasiado genérico. Los elementos que ofrece para recordar porqué tomar leche son muy reducidos. “Hay que tomar leche porque favorece el cabello“?. Bien para que el mensaje llegue la audiencia debe estar preocupada por su cabello y el anuncio competir con todos los de champús, un producto específico, que ofrecen eso y mucho más. De cualquier modo, el anuncio tampoco busca otra cosa. Es simpático y hace llegar el mensaje. Para promover un comportamiento, creo que basta.

Vía | Lineboil

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Desde hace unas semanas, un blog llamado Monedas Media Markt se dedica a seguirle la pista a una posible campaña de la multinacional consistente en adherir pegatinas promocionales a las monedas de un euro que circulan por sus centros. Es la única fuente sobre el tema que circula por la red y despierta dudas acerca de si la bitácora es genuina o no.

Dejando de lado la autenticidad de las monedas y del blog, no entiendo qué podría buscar este tipo de campaña. Si ya a algunos nos molesta que cambien los nombres, a veces históricos,  de los teatros o salas de nuestras ciudades por el de marcas (como el Teatro Häagen Dazs, en lugar de Calderón; o la Sala Heineken en lugar de Arena, ambos en Madrid), que nos pongan anuncios en la moneda nos parece el colmo de la invasión del entorno.

Al rechazo que puede generar en el cliente encontrarse que utilizan literalmente su dinero como soporte publicitario, se añade un eslógan de eficacia dudosa: “Flipa de lo que soy capaz en Media Markt“?. No veo tampoco adónde conduce encararse con el cliente. A fin de cuentas, le estamos pidiendo que nos elija para satisfacer una necesidad o tratamos de convertirnos en esta. No me siento impelido a visitar un Media Markt porque a alguien se le haya ocurrido poner pegatinas en las monedas de un euro, sino, más bien, a no visitarles por manipular mi dinero y, además, jactarse de ello.

Como iniciativa que dé que hablar, lo que uno busca a fin de cuentas, creo que puede tener éxito pero en forma de pesadilla para el creativo. Imagino que lo habrían pensado, pero es de dudosa legalidad “modificar“? la moneda con cualquier fin, tal y como apuntaba un comentarista del blog en Menéame.

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La San Francisco Aids Foundation, dedicada a concienciar y a combatir el SIDA en su ciudad adoptó a comienzos de año un nuevo logotipo. Pasó de presentarse con un clásico logotipo de estética de los años 50, a tener otro más sencillo y acorde a su meta de acercarse mejor a la gente.

La nueva imagen, diseñada por la agencia Mortar consiste en un polígono amarillo con el nombre de la organización en letras blancas inscrito dentro, que ha sido diseñado con la finalidad de adaptarlo a cualquier necesidad que la organización tenga. Así, para sobres o documentos oficiales, se puede convertir en un cuadrilátero convencional o agudizar las aristas, agresivamente, para captar la atención visual en grandes soportes publicitarios.

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En un mercado publicitario volcado en impresionar con mensajes emotivos o grandes puestas en escena, el anuncio de una bebida “para gente que no le gusta el agua“? resulta, valga la expresión, refrescante. La agencia Mother London ataca de nuevo con un nuevo anuncio completamente absurdo para la bebida Oasis. El patito-de-goma-gigante-que-odia-el-agua acude al rescate de dos desvalidas universitarias japonesas acosadas por el estricto personal de su residencia.

El anuncio, absurdo donde los haya, puede gustar o no, pero no deja indiferente. Comienza captando la atención trasladándonos a una parte del mundo lejana y novedosa: Japón. Después, el eslógan, origen de la bronca que se llevan las chicas (“odiamos el agua“?) trae un nuevo ingrediente: ¿Cómo que odian el agua?

Entonces irrumpe el absurdo encarnado en un patito de goma gigante que destruye todo. Mientras el espectador no se puede creer lo que está viendo, las chicas huyen felices a lomos del patito anti-agua y el logo de la bebida llena la pantalla encargándose de hacer que su imagen se grabe.

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Por más que lo he intentado, no he logrado entender qué trata de vender el anuncio que encabeza estas líneas. Veamos porqué.

El fabricante de lencería Agent Provocateur parece haber tratado de generar incertidumbre en el espectador como técnica para llevarle a visitar su página de Internet, buscar información y así retener mejor el nombre de la marca. Ha tratado de impactar. Pero creo que hay dos tipos de incertidumbre e impacto: aquellos que generan curiosidad y mueven a saciarla y las que dejan indiferente. En mi caso, ha ocurrido lo segundo.

Sólo he visto un grupo de jovencitas famélicas y con exceso de maquillaje haciendo el canelo. Una de ellas me ha guiñado el ojo. Del producto, la lencería, he visto tan poco, que no me he dado cuenta de que se trataba de eso. Una alusión mitológica, el episodio de Ulises y las sirenas, ha terminado de confundirme.

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