
Dentro del cuidado que prestamos a nuestra reputación y de los esfuerzos que invertimos a la hora de construirnos una buena imagen online, uno de los enemigos más molestos son los Diarios Oficiales y similares. Y los califico de este modo porque son elementos que permiten a cualquiera acceder a información relativa a mi persona, y que normalmente estará relacionada con asuntos tales como infracciones administrativas, la cédula de notificación de la sentencia de mi divorcio, y cosas por el estilo.
El problema se agrava, en este caso, porque Internet permite a cualquiera acceder a esa información indefinidamente, con la simple introducción de mis datos en un buscador.
O sea, ¿que llevo un montón de tiempo haciendo méritos para aparecer en los buscadores como un profesional diligente y responsable, para que me llamen de todas partes para dar conferencias y que me ofrezcan trabajos con sueldos millonarios; y cuando me busco en Internet, la tercera entrada es la publicación de la notificación de una multa de tráfico que me pusieron hace unos años por mal aparcamiento y que, como no me encontraron en casa, publicaron en el Boletín Oficial de la Provincia? Eso explicaría lo de no haber conseguido todavía ese trabajo“
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