Ante todo, debo reconocer que conservo una gran simpatía hacia Ramoncín. Nací en 1970, en una España sin democracia, cerrada, autocomplaciente y cuyos puestos de responsabilidad estaban ocupados por personas sumamente ignorantes.
Cuando Ramoncín surgió en escena con su estética punk y canciones como “Marica de terciopelo”, “Chuli” o “Putnet Bridge” enfrentándose no sólo al rancio “establishment” de la época, no pude por menos que sentir admiración por tan singular y valiente personaje. Este admiración la compartí años más tarde con un compañero de mili. Siempre sonaba Ramoncín en el radiocasete del coche cuando los viernes salíamos del cuartel eufóricos de vuelta a Madrid, o los melancólicos domingos por la tarde cuando regresábamos al cuartel. Años después Ramoncín comenzó a coquetear con la telebasura, y a defender ridículas campañas pro criminalización de internet pero siempre me he quedado con el pasado glorioso del personaje antes que con el ridículo presente.
Tras estos momentos de “abuelo cebolleta” entramos en materia. En las últimas semanas hemos asistido a un error en la gestión de la reputación online verdaderamente “de libro” por parte de Ramoncín denunciando a la revista El Jueves por parodiarle en un vídeo en YouTube, hasta lograr que el propio Google España cerrase (temporalmente) dicho canal.
Este error se llama “sobrerreacción”, o lo que es lo mismo, reaccionar de manera desproporcionada ante un acontecimiento poco significativo. Esta sobreacción es una de los errores más frecuentes cuando se deja la gestión de la reputación online en manos inexpertas, y suele provocar un efecto absolutamente contrario al deseado.
Analicemos los hechos paso a paso:
Leer el resto »




