Los publicistas que protagonizan la exitosa serie Mad Men recurren a los cupones como solución de emergencia para promocionar un producto. Para, directamente, ganar cuota de mercado, fidelizar clientes y atraer a nuevos compradores. La técnica es una de las que más solera tiene en el mundo de la publicidad. Es tan antigua que los ambiciosos ejecutivos de cuentas de los 60 de la ficción televisiva ya la tratan con desdén. Pero nunca ha desaparecido, lo que prueba su eficacia. Su sencillez (un cupón que reporta un descuento sustancial en el precio) es una de sus claves de éxito.
Por tanto, Internet parece que sólo supone un cambio de soporte para una estrategia que a las marcas le funciona. Al menos en Estados Unidos, donde siempre ha encontrado mejor asiento. Allí, la poderosa Procter&Gamble ha simplificado al máximo la conversión del cupón a Internet con una web (www.pgeverydaysolutions.com) que difícilmente podría ser más directa: 17 de sus productos a un dólar cada uno.
Y dado que los cupones son una tradición estadounidense, no es de extrañar que sea una compañía de allí, Groupon, la referencia del sector. Tanto como para despertar el interés de Google y, aún más osado, atreverse a rechazar su oferta, de nada menos que de 6.000 millones de dólares, lo que ha animado al gigante a desarrollar su propio programa de cupones. Si Google se fija en un nuevo negocio, sus motivos tendrá. Pero algunos ya dicen que Groupon está sobrevalorada y pronostican su pinchazo. Bien, en EEUU los cupones triunfan, pero, ¿qué hay de Europa?
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