Lees un artículo, lo compartes, debates sobre el tema en cuestión… la red amplifica tu voz. Sin darte cuenta o a sabiendas, te labras poco a poco una identidad digital y al mismo tiempo, los demás se forman una imagen de marca sobre tu persona. ¿De qué manera se alinean los principios de tu marca personal con los de la marca de tu empresa?

Parafraseando Socialholic, “las barreras entre la vida personal y profesional se diluyen en el entorno digital”. Cada interacción tendrá su efecto en los atributos tanto del plano individual como del corporativo: equilibrar la balanza entre el gusto correcto y el sabor que cada uno le imprima a su presencia digital será clave para que los clientes perciban los aromas de la coherencia y confianza en el conjunto del equipo, a la par que los toques de honestidad y naturalidad en cada persona que lo forma.

Atendiendo a la influencia que los diferentes perfiles ejercen sobre los demás, distinguimos dos extremos de la balanza que pueden conllevar un riesgo para el equilibrio de las marcas:

  • El pequeño usuario que, intentando aprovecharse del mayor peso de su corporación o bien en la -a priori- mejor imagen de su proyecto en los medios, deja invadir de manera desproporcionada su identidad por los elementos de la marca corporativa, bien compartiendo casi siempre contenido de su empresa (spam) o bien dejando de lado su apariencia por logos de la identidad (o ambas). Al no aportar valor diferenciado, ninguno de los dos planos verá una recompensa proporcional al esfuerzo del usuario, menos si en algún momento éste se disociara finalmente de la corporación.

Para recuperar el equilibrio la labor pasa por formar al empleado, enseñándole las herramientas adecuadas para que pueda elaborar por sí mismo un conjunto de fuentes de información de su propio interés que le permitan ampliar el círculo desde el que va a consumir información y, por tanto, ampliar sus horizontes a la hora de difundir y compartir, para así poder ser percibido como una marca que aporta un valor distinto. De esta manera se sumaría conocimiento y puntos de vista a la corporación a la que pertenece.

  • El gran influencer que, por el contrario, invade el espacio de la marca corporativa, eclipsando el valor que los demás compañeros pudieran imprimir a la comunicación de la empresa y perjudicando el trabajo en equipo.

En este caso, el trabajo a seguir vendrá por involucrar a los demás componentes del equipo para que nutran los medios corporativos y aporten su visión a las diferentes plataformas enriqueciendo la marca con su diversidad de temáticas y puntos de vista, equilibrando así el desajuste provocado por las “superestrellas”. De nuevo, parafraseando a Socialholic, “habrá que habilitar la gestión de las cuentas de medios ganados y medios propios homogeneizando materiales y mensajes, y haciendo que todos actúen de embajadores de la marca – en cualquier ocasión – como conferencias o declaraciones en medios de comunicación.”

Como en toda cuestión de equilibrio el punto más importante es el oído: de nada servirá balancear correctamente los integrantes de la organización si después no se afina la escucha entre el ruido de medios online para percibir la imagen que el público va componiendo de nuestra marca y así rectificar en el momento justo nuestro plan de acción o contenido potenciando la identidad que teníamos prevista en nuestra estrategia.

Imagen de Kristina Alexanderson

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