Internet y las redes sociales transforman día a día nuestro mundo: unas veces expandiéndolo y acelerándolo; otras, haciéndolo más cercano. En este sentido, hay una creencia generalizada de que las grandes revoluciones se gestan en plataformas como Twitter o Facebook. Pero, ¿somos los ciudadanos los verdaderos actores del proceso? ¿Habitamos la Web 2.0 o somos, simplemente, sus invitados? Probablemente sea en lugares como Lorea y N-1 donde se esté produciendo el cambio real.

En una metáfora botánica, “para que una planta crezca fuerte y frondosa es necesario esparcir sus semillas de forma uniforme por todo el terreno del que disponemos y regarlas de forma habitual”. Y ese es, precisamente, el concepto del que surge Lorea (flor en vasco), un vivero de comunidades digitales libre y gratuito nacido en España. Su semilla más prometedora, la red social N-1, cuenta ya con más de 37.000 habitantes. La terminología no es algo casual. Esta plataforma escogió precisamente “habitantes” por la connotación activa que la palabra lleva implícita y descartaron el uso de otros, como usuarios o miembros.

Agitación, movilización, revolución, participación, autogestión, asamblea directa… cualquiera de estos conceptos podría dar vida a la iniciativa, surgida hace ahora tres años en nuestro país bajo el influjo de la filosofía hacker, el software libre y los movimientos digitales de base ciudadana.

Marta, una de esas ciberactivistas que hacen posible que las simientes de Lorea crezcan y se expandan, explica la necesidad de que Internet sea un espacio de diálogo libre, gratuito y, sobre todo, público, a semejanza de las plazas y calles de nuestra ciudad. ”Somos personas que habitamos conscientemente un espacio en Internet, un espacio de encuentro. Nosotros no somos una empresa de servicios sino que somos gente que, sobre todo, participa en colectivos sociales o que tiene intención de transformación social”, nos asegura.

Organización y participantes

Por eso, Lorea no es una red de redes más. No aspira a crear una única y exclusiva comunidad global. Pese a su ideario “federal”, que comparte con otras comunidades alternativas como Diaspora, StatusNet o Crabgrass entre otras, las claves de su crecimiento son los participantes individuales y la privacidad.

Sus integrantes pueden trabajar en múltiples propuestas de forma segura, autónoma y libre. Sostienen que la colaboración no necesita de nombres, ni de datos personales; que la creatividad espontánea, la libre circulación de información se protege mejor con nicks. Por ello, por una red segura, la plataforma no almacena ningún dato. Tan sólo se precisa de una dirección email para acceder y, en ningún caso, se insta a los participantes a dejar constancia de su verdadero nombre.

Estos puntos constituyen, así, toda una declaración de intenciones dentro de un movimiento más ligado al ideario libertario que al marketing de la “persona” que han popularizado Zuckerberg, Dorsey o Hoffman, entre otros.

“No rechazamos que la gente use las redes sociales comerciales“, matiza Marta, “simplemente decimos que es absurdo creer en un cambio de modelo económico mientras se dé dinero a estas personas”, en referencia a los inversores principales de Twitter, Facebook o Tuenti, desde Goldman Sachs a Telefónica.

Cambios de modelos

Bajo este prisma, son las personas quienes hacen posible el cambio. Un cambio hacia un modelo social, político y económico más responsable y justo.

Puede que, en efecto, Internet no produzca movilizaciones. Que la revolución no sea nunca tuiteada. Que, como en tantas otras herramientas humanas, tras el rostro amable y simpático de esa Web se escondan otras caras más oscuras y temibles.  Pero, como nos recuerda Manuel Castells:

“Cuando se desencadena el poder internauta es difícil contenerlo”.

Quizá por eso, precisamente, la verdadera revolución dentro de esta revolución digital sea garantizar una participación libre, honesta y responsable; proporcionar las herramientas técnicas necesarias para facilitar la aparición de redes activas, interconectadas y enfocadas al cambio social, de abajo hacia arriba… o como dicen en Lorea, “que las personas aprendamos a habitar la Red”.

 

Imagen mosaico compuesto por las imágenes de Jordi Cornet, Henrique PF, Doki hawk, Sergio Rus, Furlin y THERKD en Flickr

5 comentarios a esta entrada

  • José Manuel Navarro Llena el 22 Feb a las 10:07

    Buenos días.
    Gracias por la oportuuna reflexión y por la difusión de las redes que están ayudando a propagar una conciencia civil frente al cualquier tipo de totalitarismo. Coincido plenamente.
    Es más, en este artículo http://granadablogs.com/entrelineas/2012/02/22/wiki-revolucion/ aporto una visión complementaria.
    Saludos,

  • Ana Escurín Ana Escurin el 22 Feb a las 12:33

    Muchas gracias Jose Manuel. Me parece importante hacer saber todas las herramientas que están al alcance de nuestra mano. Gracias por tu artículo también. Me quedo con el cierre ;) “En palabras de Berners-Lee, “vivimos una época fascinante en la que diseñadores, empresas, gobiernos y ciudadanos deben trabajar con un talante abierto y cooperativo para preservar los principios fundamentales de la Red. Deben garantizar que los protocolos técnicos y los convenios sociales respeten los valores humanos. La finalidad de la Red es servir a la humanidad” ¡Saludos!

  • Servicios de Marketing Extremadura el 22 Feb a las 18:06

    Como profesionales del Marketing en Extremadura, estamos totalmente de acuerdo en la apuesta porque las redes sean libres, seguras, habitadas por los propios usuarios. Aunque es cierto que los usuarios han ido cambiando el funcionamiento de las propias redes, recordemos que es el usuario el rey de internet tal y como decimos en nuestro artículo: http://serviciosdemarketingextremadura.wordpress.com/2012/02/16/como-son-los-nuevos-usuarios-de-internet/

    Un Saludo

    Servicios de Marketing Extremadura

  • Luis Rodríguez Vives (@elchiconaranja) el 23 Feb a las 15:47

    Gracias por escribir este artículo que nos presenta distintas alternativas en las redes sociales. Parte de un buen planteamiento sociológico. Sin embargo, no estoy de acuerdo con la afirmación sobre Facebook y Twitter. Creo que por diversas razones (y no creo que simplemente económicas) éstas han crecido mucho. Pero no son incompatibles con las que nos presentáis, simplemante pueden ser complementarias. Dependerá exclusivamente del uso que cada uno les quiera dar, ya que considero que en cualquier herramienta pueden existir “intereses oscuros” en función de la utilidad que se le de.

  • José Luis Rodríguez José Luis Rodríguez el 24 Feb a las 21:28

    Gracias por la colaboración, las opiniones y vuestras enseñanzas.
    Cuando nos planteamos hablar de Lorea y de N-1 no era tanto por promocionar o desaconsejar determinadas redes sociales como por mostrar que también hay vida más allá de Twitter o de Facebook (donde estamos, por cierto, y muy activamente, los autores del artículo).

    Otra cuestión interesante es que, en un mundo donde de repente la transparencia y la apertura de la información se convierten en una especie de mantra social, en un aparente pasaporte hacia la honestidad y la colaboración libre de las personas… nos encontramos con otro tipo de plataformas y movimientos veteranos en esa “pelea” social que, curiosamente, proponen lo contrario: ¡privacidad para garantiza la participación desinteresada y transformadora!
    Por último, nos llamó la atención de Lorea la apuesta de sus “habitantes” por un Internet público donde no sea necesario aportar ningún dato, ninguna información personal, para circular por él como ciudadanos y no como usuarios o consumidores.
    Y, como dice Marta en el texto… “no rechazamos que la gente use las redes sociales comerciales”. Lo bueno es que conozcamos todas las posibilidades. ¿No? :-)
    Un saludo.

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