Posiblemente estemos de acuerdo en afirmar que el 2010 quedará en el recuerdo como el inicio del auge del libro electrónico. Por un lado, la llegada al mercado de novedades en el hardware como el iPad de Apple (no es la única pero si puede ser la más relevante, por su efecto dominó como activador del sector), y el prominente crecimiento de apps y e-books en el mercado ha iniciado una batalla por liderar un cambio que poco a poco y de forma paulatina irá sustituyendo, al vetusto papel, en diferentes funciones que hasta hoy lideraba de forma unilateral.

El soporte como noticias, o información más o menos volátil y perecedera (periódicos, revistas, suplementos semanales…) serán los primeros damnificados. Cada vez es más difícil pensar que esta tendencia no se cumpla en un tiempo no muy lejano y que el papel se sustituya completamente por otros formatos que permitan obtener la información de forma inmediata, directa, y lo que es más importante, permita la participación bidireccional del lector que se convierte también en parte activa, compartiendo con sus contactos vía Twiter o Facebook, comentando con sus opiniones…

Los libros, y publicaciones más duraderas en lo referente al tiempo que la información prevalece y tiene valor, si bien, perderán la exclusividad en papel, tendrán aún y durante más tiempo (el mercado decidirá cuanto), un hueco más o menos relevante.

Tendremos, la opción de poder elegir, si queremos el soporte digital, o el tradicional de cualquier libro, ensayo o publicación (sensible a tener un ISBN), y seremos nosotros en función de nuevos parámetros de decisión (mayor o menor temporalidad del contenido, valor de la experiencia de la lectura, decisiones respecto al volumen y peso e incluso valores sentimentales) los que permita decidir cuándo y cuáles merecen ser consumidos de una u otra forma.

Y este cambio de comportamiento en la decisión, forzosamente traerá en consecuencia, un cambio en el hábito de la compra de un libro.

La red y su modelo carente de fricción de venta (o al menos mucha menos que la de tener que ir a una tienda a comprar) y su mayor optimización en costes que repercute directamente en el precio, irá tomando protagonismo cada vez de forma más acusada, a la hora de adquirir libros ya sea en formato electrónico, o en papel.

Las grandes librerías que coparon los escaparates de los años 90, con todas las novedades literarias del momento y donde podíamos encontrar una gran selección de “libros del mercado”, son por tanto, cada vez, menos rentables (por ejemplo Barnes & Noble, una de las cadenas de librerías más importantes de los EEUU acumula una deuda de 46 millones de dólares (34,4 millones de euros) y sucumbirán, más temprano que tarde, a las nuevas reglas del mercado.

Si dejamos el consumo del libro electrónico a un lado, que no tiene apenas sentido fuera del círculo virtuoso del (aquí y ahora que permite la red), el libro tradicional, encuentra un nuevo renacer (quizás nunca dejó de tenerlo), en las librerías que antaño antes de las grandes cadenas, eran los protagonistas de venta. Ya que si, parece ser, la decisión de compra de un libro llamémoslo tradicional se torna en una compra “de valor” con un cargado “sentido emocional” y de “sensación vital”, el trato personalizado, el contacto directo con los libros, la especialización de las librerías y el experto conocimiento de sus libreros que permitan una interacción directa y humana como “consejeros de información”, que nos conocen y saben de nuestros gustos y necesidades, no tienen aún equivalente digital válido.

El contacto físico y real con otras personas muy afines a nuestros gustos y elecciones, puedes ser “otro motivo de peso”. Librerías reconvertidas en un lugar de encuentro y reunión, donde el libro es el satélite donde giran otros factores con valor añadido (trato personalizado, exclusividad, relación estrecha entre el canal de venta y el comprador, punto de encuentro, experiencia cultural, networking, sentimiento de pertenencia a un grupo social…)

Por lo tanto, no me extrañaría que en un tiempo no muy lejano, las librerías especializadas del centro de las grandes urbes, se conviertan en lugares donde tomemos un café, mientras ojeamos un libro, convertido en ese instante en un objeto de deseo, mientras charlamos en tertulia con el amigo librero al cobijo de una música de ambiente, sin prisas, sin pausa, experimentando “algo distinto” para nuestro tiempo libre, mientras buscamos alguna referencia del autor en la wifi de la librería desde nuestra tablet o móvil, en la página o app web de la misma y donde lo virtual y lo real se entrelazan y complementan.

Con el tiempo, y observando el comportamiento de consumo, se reducirá drásticamente las publicaciones en papel de las editoriales que se reservarán para ediciones especiales o libros donde la alta calidad del formato (el papel) juegue a su favor. No me imagino, por ejemplo, sustituir la experiencia de ojear una mañana de domingo lluvioso junto a la ventana mis libros de H.Cartier, Calatrava o Leonardo, por una app en el iPad.

¿Qué opináis?

Imagen en Flickr de Dawn Endico

9 comentarios a esta entrada

  • David Soler el 28 Sep a las 19:49

    Totalmente de acuerdo. Y que casualidad que estas cosas también las hemos discutidos en foros de LinkedIn y siempre digo que la Librería que quiera subsistir en el futuro será ese punto de encuentro y que los autores tendrán que empezar a copiar cosas de los músicos.
    El long tail parece una de las mejores “aplicaciones” para estructurar un modelo de negocio en Internet. Falta ver si, aunque sea un contrasentido con el concepto, tiene volumen suficiente para sostener el negocio.

  • Cuchu el 28 Sep a las 20:42

    Muy buen artículo.
    Creo que el libro en papel se convertirá en algo similar a los discos de vinilo, donde el carácter sentimental es mayor que el técnico.
    Con respecto al futuro del libro, me pareció muy bueno el video de IDEO http://il.youtube.com/watch?v=2JMoHFZbbdI

  • Juan Merodio el 29 Sep a las 06:01

    estoy de acuerdo en que las cosas cambiarán, de hecho Internet ofrece a todos una gran plataforma de distribución gratuita de los libros.

    A modo de referencia en febrero de este año lancé mi White Book sobre Redes Sociales a través de Bubok con descarga totalmente gratuita y a día de hoy en total lleva más de 5.000 descargas, una cifra dificilmente conseguible de otra manera y más si hablamos de libros técnicos.

  • mONTSEFABRA el 29 Sep a las 08:55

    una visión del futuro inmediato muy ajustada a mi modo de ver, y con el vídeo que nos dejas, Cuchu, incluso veo un futuro más lector entre las nuevas generaciones, la lectura digitalizada es un cambio evolutivo absolutamente positivo, formamos parte de una sociedad interactiva y nuestros hijos no han conocido otra cosa, cada vez veo más lejos que dejen de compartir experiencias por las redes para encerrarse en la habitación a leer, luego habrá que llevar los libros a las redes, como nos muestra el vídeo de Lecturalia.

  • iNTERTE el 29 Sep a las 10:42

    Totalmente de acuerdo.

  • Frank el 29 Sep a las 15:26

    Creo que ni las editoeriales saben donde van. Por ejemplo: que pasara con las grandes obras?. Esta claro que las enciclopedias han muerto, pero imagina una gran obra de los grandes pintores españoles: Velazquez, Goya, Picaso, Dali…. 5 volumenes, 2000 ilustraciones a toda calidad y 400€ por volumen. Son obras que creo un pais necesita, sin embargo la tecnologia no ha resuelto esto, creo. Dejaran de hacerse?. El mundo del libro aacbara siendo novelitas?. Compara la gente colecciones que ocupan espacio en la estanteria?.

  • mONTSEFABRA el 29 Sep a las 16:50

    Frank, creo que el tipo de lectura o lector del que hablas, tb. lo ha reflejado Jorge en el artículo, en el que habla claramente de drástica reducción, sí, pero no total desaparición del papel, siempre existirá el libro impreso, irremplazable o mejor dicho inmejorable. Espero

  • Jorge Molinera Jorge Molinera el 30 Sep a las 10:00

    Estoy de acuerdo Frank que las editoriales, por otro lado es lógico, pasen ahora por un periodo de asimilación de un mercado que va a poner patas arriba su modelo de negocio “de toda la vida”.

    Pero creo que el único que tiene la respuesta (como en todos los mercados) son los consumidores, aunque si jugamos a visionarios, no creo que el mercado de libros de un alto valor económico, sean los primeros en la lista de (prescindibles), el tipo de edición y calidad, el fin y tipo de “cliente”, quizás sea el que esté justo al final de la lista de los que van camino a poco a poco ceder el terreno. Como bien apuntas las enciclopedias han sido las primeras (como ejemplo podemos tomar la enciclopedia británica), y poco a poco el valor añadido que tiene que dar un papel la reducirá a “ejemplos” de experiencias más vitales que informativas o didácticas.

    Si pensamos en mercados similares, quizás el más cercano que se me ocurre es el de la fotografía y su, ya hoy inminente digitalización, aún recuerdo encarnizadas discusiones hace unos años al respecto, hoy sin desaparecer, la fotografía de origen químico, sobrevive en círculos artísticos y para un reducido grupo de personas que buscan en el carrete una experiencia menos práctica pero más “orgánica y vital”. El mercado ha dictado sentencia, y al libro se me antoja, con un destino parecido.

  • mangelbenito el 01 Oct a las 13:03

    Excelente post que refleja lo que ya esta sucediendo. Cuando los libros en pergamino sustituyeron a los papiros el cambio se produjo de manera gradual a lo largo de varios siglos; los papiros, por su valor material y prestigio, se reservaron para los documentos oficiales y diplomáticos durante este período de transición. Los mismo sucedió cuando el libro impreso sustituyó al manuscrito.
    Por lo que respecta a las librerías, la histórica Fuentetaja de Madrid se ha reconvertido en un espacio que combina librería, bistrot y salas para encuentros culturales (www.fuentetaja.es).

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