Una buena imagen no garantiza, por sí misma, el éxito de ningún proyecto. Pero no hay duda, al menos en Internet, de que un mal diseño o una estructura tediosa y aburrida será la vía más rápida para que nuestro sitio nunca triunfe, por muy notables que sean sus contenidos.
El incumplimiento de este principio, tan obvio como antiguo, es sin embargo el que lastra la proyección de miles de webs públicas de todo el mundo. Más aún: el dibujo lejano, poco sugerente y excesivamente institucionalizado que todavía hoy ofrecen muchos de estos portales constituye una de las principales causas de la desconfianza que separa a ciudadanos y administraciones.
Un ejemplo: hasta el 33 por ciento de los internautas de Estados Unidos prefiere informarse actualmente de lo que hacen sus agencias estatales a través de las redes sociales antes que por medio de los correspondientes sitios, según un reciente estudio del Centro Pew de Investigación.
El caso de nuestro país, pese a los reconocimientos internacionales en la materia, es aún más demoledor: sólo el 21 por ciento de los españoles ha accedido alguna vez a un portal público para relacionarse directamente con su Administración, de acuerdo con el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI).
Más allá de las buenas intenciones y de unos recursos de gran utilidad social, lo cierto es que muchas páginas gubernamentales siguen definiendose de forma unidireccional y planteándose como una mera copia electrónica del complejo burocrático del que nacen.
Son, en consecuencia, igual de ininteligibles para el común de los mortales que su correspondiente organigrama administrativo, como hace ya un par de años denunciara un informe de la consultora BIKO sobre portales autonómicos, reproducido aquí en formato de presentación por Marc Garriga.
El problema, en este sentido, es tan simple como no contar con la opinión, los gustos, las necesidades e, incluso, la participación de los ciudadanos en el diseño del propio sitio.
Y eso es tanto como ignorar lo que hace escasas fechas, a través de un post publicado en este mismo blog, nos recordaba Fernando Polo: que no hay presupuesto ni gran firma del sector que supere el éxito de cientos de miles de personas creativas “amateur”.
Social Media en el sector público
En este sentido, hemos asistido en los útltimos meses a interesantes e innovadoras iniciativas surgidas del ámbito del Social Media Marketing aplicado al sector público y dirigidas a acabar, definitivamente, con los estereotipos.
¿Cómo? Involucrando de forma directa a los usuarios, a través de proyectos de carácter cooperativo y solidario, en la proyección de un Gobierno más abierto, transparente, cercano, atractivo y, sobre todo, útil.

Entre otros, llama la atención por su carácter lúdico y sus indudables valores cívicos el concurso Hack Warwickshire convocado por el Condado inglés de Warwick a través de su propio sitio en Internet, de su blog y de sus distintos perfiles en la Red Social.
En general, la apuesta de sus organizadores es premiar el ingenio de aquellos ciudadanos o profesionales independientes que aporten el mejor diseño o la mejor sugerencia para dar color, atractivo y valor añadido a las webs públicas.
Las autoridades locales no sólo han publicado ejemplos de posibles aplicaciones y mashups para orientar a los posibles participantes. Además, han desafiado a los desarrolladores de todo el Reino Unido a convertir en realidad las ideas de los concursantes más creativos pero menos habituados a las tecnologías web.
Y, sobre todo: se han comprometido a liberar para su consulta aquellos datos de la zona que sean susceptibles de reutilización y contribuyan a mejorar la calidad de vida del Condado.
Otra sonada iniciativa, en este caso C2G (de la ciudadanía al Gobierno), es, sin duda, la lanzada por la plataforma no gubernamental Sunlight Foundation, que, bajo el título de Design for America, ha movilizado a grandes talentos independientes y comunidades en línea para rediseñar los portales públicos estadounidenses.
El concurso, dotado con 5.000 dólares de premio y resuelto públicamente al término del pasado Gov 2.0 Expo de Washington D.C., ofrece excelentes muestras de imaginación sobre cómo hacer más accesibles y comprensibles para el ciudadano los recursos contenidos en los portales institucionales.

Arte, desarrollo web, gestión gubernamental y Social Media Marketing se unen en otros muchos, recientes y gratificantes ejemplos aplicados al sector público en Europa.
Son, entre otros, el Mappy API Challenge celebrado en Francia y dedicado a mejorar el atractivo de los datos cartográficos oficiales; el Opendata Hackday organizado en Berlin a mediados del pasado mes de abril; o el Desafío AbreDatos 2010, cerrado a inicios de junio en España y al que eTC dedicó también un artículo.
Podemos decir, en líneas generales, que ninguna de estas iniciativas garantiza por sí sola el éxito en Internet de una administración u organismo público. Pero un buen sitio web diseñado y preparado colaborativamente por los propios ciudadanos, al amparo de unos verdaderos principios públicos 2.0, hará más útiles, eficientes, económicos y valiosos sus contenidos.
Porque, como ya dijera Aristóteles hace más de 2.300 años, “no hace falta un Gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico?




Buen blog e interesantes articulos….
Contar con la opinión del ciudadano es un deber de las administraciones, y efectivamente es necesario rediseñar la gran mayoría de portales públicos, para hacerlos más accesibles, usables y atractivos para el usuario, en este caso el ciudadano.
Pero el penúltimo párrafo de tu post: “un buen sitio web diseñado y preparado colaborativamente por los propios ciudadanos, al amparo de unos verdaderos principios públicos 2.0, hará más útiles, eficientes, económicos y valiosos sus contenidos”, me deja muchas dudas.
Es que no hay en este país suficientes profesionales en usabilidada, accesibilidad, experiencia de usuario, diseño gráfico, como para dejarlo en manos de los ciudadanos amateurs. O por el contrario lo que se pretende es que las administraciones se ahorren el dinero que estos profesionales merecen convocando premios que luego resulta que los que son buenos no se presentan porque nos le merce la pena y encima dejamos la elección en manos de un jurado más amateur todavía.
Y en cuanto a elegir el diseño por los ciudadanos también tiene sus peligros. Además de correr el peligro de que se voten otras “cosas”, más del tipo político, está el riesgo de que gane el ciudadano que más “amigos” tiene, y digo amigos en el sentido de las redes sociales.
Como ves no lo tengo claro del todo. Aplaudo iniciativas como abredatos que ejemplarizan como pueden realizarse aplicaciones estupendas y muy útiles a través de los datos públicos y ayudan a concienciar a las administraciones sobre la apertura de datos.
Pero diseñar una web municipal por los ciudadanos es un proyecto que me merecería mucho respeto, sino miedo. ¿Dejariamos que la próxima sede municipal la construyeran los ciudadanos? ¿Haríamos un concurso de idesas? ¿0 convocariamos un concurso de proyectos, al que sólo pueden presentarse empresas y que lo voten los ciudadanos? ¿Qué pasa si eligen la opción menos viable o la más costosa? ¿Podríamos hacer las administraciones una preselección y dejar sin validez el proceso? ¿Y si luego votán solo tres ciudadanos, qué hacemos?
Pero bueno, como ves no creo que sea tan fácil, nadie lo ha dicho, pero creo que la participación ciudadana debe ir por otros derroteros ¿no te parece José Luis?
Gracias, Antonio, por tu valioso comentario. En efecto, es necesario que haya una reflexión crítica y profunda sobre el papel que los ciudadanos pueden y deben representar en su relación con las administraciones públicas. Pero, evidentemente, es preciso que también se formule un debate amplio y honesto sobre qué deben hacer los gobiernos al respecto.
En este sentido, cuando se habla aquí del diseño de portales públicos no se hace tanto por la falta de excelentes profesionales dedicados a esta actividad. Tampoco se hace para analizar, ahora, el impacto de las nuevas tecnologías en los mecanismos democráticos de representación y decisión política.
El artículo se refiere a la forma en que las AAPP se comunican con el ciudadano, a la dificultad de éstas para hacer atractivos sus recursos y, sobre todo, a las posibilidades que tienen para aprender de las necesidades y experiencias particulares de cada tipo distinto de ciudadano.
Un pequeño ejemplo: hoy, cualquier persona puede adaptar a su experiencia particular de navegación y búsqueda la apariencia, temas o módulos de su aplicación favorita. Eso incluye, entre otros aspectos, los datos que suele necesitar o necesitará en el futuro de acuerdo con su perfil y actividad diaria (lo que no significa que se eliminen los demás). ¿Por qué no, entonces, puedo personalizar el front office de mi administración o sugerir una agregación y estructura distinta de los contenidos que ésta me envía? A fin de cuentas, ningún diseñador conoce mejor que el propio usuario lo que éste busca o necesita.
De hecho, por su menor “tamaño” y cercanía, los ayuntamientos son el mejor campo de trabajo para este cambio de paradigma comunicativo (de una estrategia de empuje a otra de atracción; de un modelo unidireccional a otro multidireccional; de un sistema cerrado de fuentes y contenidos a otro abierto y colaborativo).
Por ello, creo que cada gobierno puede legítimamente decidir hasta qué punto asume las propuestas ciudadanas, ya sea a través o no de un concurso de ideas.
Un saludo.
José Luís, gracias por las aclaraciones, que creo interesantísimas. Coincido plenamente contigo en la exigencia de que las AAPP aprendan de las necesidades y experiencias de los ciudadanos. Y el ejemplo que pones es muy acertado, debemos ir en esa dirección.
¿Cómo hacer atractivos los recursos de la Administración? Pues resulta que hay dos tipos de actuaciones que realiza: Las que se rigen obligatoriamente por el procedimiento administrativo y el resto en las que es de aplicación más relajada.
En cuanto a ese resto hay que tomar medidas ya, y comenzar en la línea que tú comentas. En cuanto al sector duro, es otro cantar, y suele estar en la génesis misma de la Administración. Hasta el lenguaje que se utiliza es a veces muy complicado de entender y farragoso de leer.
Ocurre que las AAPP tienen que regirse por leyes como la de Procedimiento Administrativo y no sólo por la 11/2007, además de otras muchas que regulan sus actuaciones. Y ocurre también que están sirviendo de anclaje, y a veces de excusa. “Hay que seguir el procedimiento administrativo que es el garante de los derechos del ciudadano”, a la vez que el respaldo de las actuaciones administrativas, se suele decir. Y no les falta razón.
Hay que abrir y potenciar el debate aún más, para que a esos principios públicos 2.0. se unan unos procedimientos administrativos 2.0. Y conseguir disminuir la burocracia a su mínima expresión.
Te agradezco de nuevo las aclaraciones porque me has dado un par de ideas muy buenas. Espero seguir comentando contigo “tus-mis” ideas.
Un saludo.
Muy interesante la entrada. Aquí te dejo el sitio de un proyecto realizado por La Universidad de los Andes en Colombia que está intentando cambiar un poco esta visión y acercar más a los usuarios a interactuar con el congreso.
http://congresovisible.org/
Natalia:
Gracias por la referencia. Por lo que he estado viendo, la iniciativa resulta muy interesante. Habrá que seguirla de cerca.
Un saludo
[...] La OCDE, como la mayoría de los expertos implicados, hace una serie de recomendaciones al respecto. La más clara es la que invita a pasar de un enfoque público basado fundamentalmente en la tecnología y la eficiencia económica a otro centrado en el usuario y en una comunicación con éste más abierta, directa y participativa. [...]
[...] La OCDE, como la mayoría de los expertos implicados, hace una serie de recomendaciones al respecto. La más clara es la que invita a pasar de un enfoque público basado fundamentalmente en la tecnología y la eficiencia económica a otro centrado en el usuario y en una comunicación con éste más abierta, directa y participativa. [...]