Supongo que muchos de ustedes habrán visto pegatinas con esta leyenda por todo Madrid y Barcelona. Estaba claro que era una campaña publicitaria (Aranzazu escribió sobre algo muy parecido), pero aún faltaba la segunda parte para averiguar el anunciante… ¡Nokia! Según un comentario en Blog de Nuevo Periodismo, el fin de semana había chicos bailando en la calle mientras escuchaban música en el móvil y repetían la frase de las pegatinas a todo el que pasaba por ahí mientras les enseñaban el Nokia.
Tal vez es algo ya visto, pero por la cantidad de comentarios que he visto en la red, este tipo de campañas siguen teniendo éxito.


Como campaña me parece, a priori, bien. Sobre todo si ha conseguido los objetivos. Lo que no me parece tan bien (he visto los adhesivos) es como han ensuciado la ciudad. He visto trozos de calle inundados de pegatinas en el suelo.
No quiero pensar que harán los que trabajan en los servicios de limpieza con su Nokia cuando se enteren de que es el causante de su sobretrabajo!
No es que quiera retrotraerme al vetusto “prohibido fijar carteles – responsable la empresa anunciadora”, pero me parece que con esto del anonimato propagandístico y la fiebre viral se van a generalizar las patentes de corso para sembrar de basura los espacios fisicos y digitales.