En sense.psfk, Brita Knueppel y Chloe Williams firman un interesante artículo sobre la nacionalidad de las marcas y cómo este concepto constituye un atributo casi ficticio en un mundo globalizado.

“… se asocia a Alemania con la industria del automóvil, a Francia con productos de lujo y a Japón por sus productos electrónicos y sus innovaciones tecnológicas y, desde hace poco, España se ha vuelto famosa por sus marcas de moda chic y barata, como Zara y Mango…“?. Las identidades nacionales asociadas a los productos confieren a estos de cierta herencia cultural, una especie de garantía de procedencia. Sin embargo, ¿qué nacionalidad se puede atribuir a un producto ideado en Finlandia, montado en Turquía con materiales chinos?

En España, como en Francia e Italia, son bien conocidas las denominaciones de origen, que para ser otorgadas requieren el cumplimiento de una serie de directrices, entre las cuales se delimita claramente la zona de producción, pero para otros productos el concepto de nacionalidad es parte de una estrategia de marketing que quiere aprovechar los beneficios que añade a la marca: una idea de estilo de vida asociada y conexiones emocionales.

Para saber más, leer la primera y segunda parte de este artículo.

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