He estado fijándome en los últimos meses, en regalos que han llegado a mis manos, y que me han hecho darle vueltas al merchandising como técnica promocional.
Ejemplos ordenados (de mejor a peor) según el criterio OURS, que explico más abajo, y mi percepción subjetiva:
- Un libro de fotografía soberbio formato mesa de cocina (en agradecimiento a una contribución editorial).
- Un clip con imán para poner en la nevera, con un bloc de notas de un servicio de supermercados online, que se rompió apenas ponerle las manos encima. Todavía hoy sigo cabreado porque me hubiera sido de utilidad, y cada vez que anoto algo para la compra, me acuerdo de no hacerles pedido a los que me lo regalaron.
- Un bloc de notas estilo periodista, con cubierta de piel, piel.
- Un libro sobre marketing. No es de Seth Godin. Sí es tremendamente aburrido.
- Dos bolígrafos de buena calidad, uno de los cuales, el caro y señorial, se ha gastado a la semana. El otro sigue en mi bolsillo. Como estoy cabreado con el servicio prestado por esa empresa, cada vez que lo uso me recuerda a ella, y me cabreo otra vez.
- Un calendario de sobremesa, sencillo. Feo pero útil.
- Un clip para poner en la mesa de despacho, que sostiene una fotografía o un papel. Útil, si no fuera por lo incómodo que es.
- Un dossier promocional de agencia, que incluye un CD de música. Alguna canción infumable, alguna sobresaliente.
- Un reloj para poner encima de la mesa de despacho. Digital, sin glamour, estilo IKEA pero de bolsillo.
- Una agenda cuidadosamente editada de gran formato. También estilo IKEA. Todos somos Agatha Ruiz de la Prada.
- Una calculadora en formato bolsillo. Al cajón.
- Una lámparita USB para el portátil. Desgraciadamente, mi portátil tiene teclado retro-iluminado (pero qué guay que soy).
- Una camiseta promocional de un servicio web, cuando asistía a un seminario. La regalé y me hizo quedar bien.
- Un backup para tarjetas SIM de teléfonos. Perdí el teléfono justo antes del backup. Todavía no lo he sacado de su funda.
- Una calculadora con base de metacrilato. Estilo notario. No pega con mis JBL creature. A la basura.
- Una agenda sencilla de bolsillo. Al fondo del cajón, si pasar por la casilla de salida.
En este artículo de Marketing Sherpa (disponible en abierto hasta el 24 de febrero, si alguien llega tarde que lo diga), dicen que el 76% de los consumidores que recibió un regalo promocional de una marca, recuerda el nombre de la misma, frente al 53% que vio un anuncio en TV. Y es que efectivamente, un regalo (a poder ser útil) es una poderosa arma para recordar una marca. O un contacto, o un teléfono.
En lo que ya no estoy tan de acuerdo, es en lo que dice Steve Smith, acerca de la utilidad de estos regalos. Habla de aplicaciones promocionales para móviles (como un lector RSS patrocinado), y que las empresas tienen que ofrecer cosas útiles. Sí, pero ¿de utilidad para quién?, ¿para ti o para mí?
Original, útil, robusto y sobresaliente (OURS)
1) Los fabricantes de regalos de merchandising (por ejemplo, Schneider, con uno de los mayores catálogos europeos, al cual pertenecía el bolígrafo que se me secó en una semana) saben que la originalidad y la variedad es importante. Por eso existe una innovación constante para ofrecer el regalito de moda, que comparten catálogo con los de siempre: la agenda o el boli. Los que parecen no haberse enterado son los que compran los regalos, que siguen creyendo que el Outlook (o las PDAs) son inventos del demonio para geeks empedernidos. Que el regalo sea original, no es algo original. El buzz generado por un regalo original puede ser importante, comentado y reenviado a todos los conocidos.
2) A la hora de valorar la utilidad, me surgen dudas, porque a mí, por ejemplo, me gustan los regalos pragmáticos, pero a muchas personas les gustan los regalos etéreos y absolutamente faltos de utilidad. Lo que es indudable, es que el regalo útil puede pasar a formar parte más fácilmente de la rutina diaria del consumidor, consiguiendo así mejor su propósito de presencia, pero quizá no tanto de branding.
3) Ineludiblemente tiene que ser robusto o de buena calidad; en caso contrario, uno siempre asociará el supermercado online, con el clip que se rompió a la primera.
4) Y por último, y no menos importante, es mejor que sea “sobresaliente”, en el sentido de que destaque en nuestro entorno. Un calendario de mesa destaca (en general todos los gadgets para las mesas de despacho destacan). Pero si yo regalase un Mondrián, pues probablemente también destacaría en la pared de un salón. Un cacharrito tecnológico inútil que va al cajón de los recuerdos posiblemente no destaque nada.
En cualquier caso, estos son criterios objetivos que sólo sirven en parte, puesto que la percepción subjetiva del valor del regalo es inherente a la persona. Dar por supuesto que a todos los directores de recursos humanos les hará más ilusión un libro de motivación personal que un teléfono móvil, por ejemplo, es dar demasiado por supuesto.






Buena idea hablar sobre este tema, que se suele descuidar. Al menos en la compra profesional es un detalle importante, en el que también intervienen aspectos culturales. Dice más de la empresa que muchas palabras. Antes, cuando viajaba más, era frecuente que regale los regalillos que me hacían a las recepcionistas de los hoteles, sobre todo si superaban el tamaño cajetilla de tabaco. Y también los que yo mismo llevaba, que me parecían lamentables.
Es una buena forma de soborno a los medios de comunicación. En mi empresa regalamos una PDA. Quién da mas?
Coincido totalmente, es una actividad muy descuidada y planeada muy a la ligera. La mayor parte de los articulos promocionales que tengo fueron un esfuerzo inútil para las empresas que los regalalaron, pues yo no soy ni siquiera su mercado objetivo.
Recuerdo a un laboratorio que regaló a doctores un celular con tiempo aire, pero no obstante que la inversión fue muy importante, les resultó un dolor de cabeza pues muchos se quejaron de que la cantidad de tiempo disponible no era la que les habían prometido. No sólo dañaron su imagen, sino que tuvieron que emplear más recursos para administrar las quejas.
Yo tengo una empresa de cocinas y la verdad aunque algunas cosas hacen gracia todas pasan al cajón. Quizás haya otra cuestión: la saturación, si todo el mundo regala agendas, bolígrafos, luces, clips, apoya móviles, etc al final no te quedas con nada. Hombre, si alguno me regala alguna cosita geek quizás me lo mire más y me acuerde de su nombre pero que le compre a él no va a ser por el regalito (que cuando venga el representante, le atenderé con una sonrisa más grande:seguro) al final todo viene por precio y calidad de servicio.
Yo creo que los regalos promocionales tienen que ir más bien dirigidos a:” acuerdate que fui yo y mira el regalo que tiene toda la información para que me recomiendes a tu amigo en cuestión”. El boca a boca: la mejor publicidad.Es ahí donde se deberían enfocar esos regalos y no para la entrada en el negocio. En mi humilde situación me fijaré más en la pubilicidad escrita o visionada que en un regalito. Pues los que se gastan más dinero en esos medios suelen ser empresas que ganan más dinero por una posisión de ventaja en el mercado (mejor servicio, precios, etc) aunque se que incorro en el riesgo de perderme una empresa mejor que éstas y que no gasta nada en publicidad (a pesar que yo siempre digo:”si esas funcionan es por su escelente boca boca” y tarde o temprane sabré de ellas)
Bueno, es sólo un criterio personal
Un regalo promocional tiene una componente social muy fuerte. Creo que efectivamente se descuida esa componente, y se hace más el regalo como una “acción más de marketing” que pesa en el presupuesto.
Los regalos son algo que funciona, porque las personas tratan con personas para realizar acuerdos personales.
El servicio bueno y la calidad está bien, pero muchas veces, hay muchas empresas que ofrecen buen servicio y calidad aceptable. Y es ahí donde entra en juego el factor “personal” de la compra.
Y es esa fibra la que ataca el regalo promocional.
Creo que el núcleo está en que no se siente cuál es la emoción a comunicar y por tanto “no llegan”.
Los regalos se basan en catálogos y no en cristalizar deseos, que requiere atención y corazón.
A las empresas les importa mucho donde poner su logo, en vez de importarles donde pondrá el regalo el que lo reciba, si el regalo comunica la emoción deseada, la persona siempre sabrá quien se lo ha regalado.
Al final los regalos son entre personas a las que les une una ocasión que quieres que sorprenda y emocione, no entre empresas.
Josi,
Estoy muy de acuerdo con tu apreciación. Los regalos de empresa deberían ser pensados entre personas. El problema es que el denominado “merchandising” está orientado para hacer llegar el logo a una cantidad amplia de clientes, prospects, etc.
Es un mundo querer “llegar” con el mismo regalo a mucha gente diferente.
Lamento no estar del todo de acuerdo con vosotros, ya que un regalo de empresa, promocional y publicitario tienen funciones distintas. Por eso hay gran variedad de artículos, para que se ajusten a las necesidades de los clientes. Y si no se ha elegido bien el producto lo que sucede es un poco lo que comentáis, la acción comunicativa pierde toda su fuerza e incluso puede ir en tú contra. Lo sé porque estoy en el sector y lo veo día tras día en las diferentes acciones promocionales realizadas. Si no me creéis os invito a ver en http://www.promopresent.com la gran variedad y oportunidades que hay de regalos, útiles y adecuados.
1 saludo y espero que lo veáis con otros ojos