En publicidad existe la tentación de la provocación, y a algunas veces, a los publicistas se les va la mano, lo suficiente para generar una polémica que pone en entredicho la norma de Wilde.
Esta vez ha sucedido con el diario belga Le Soir, que durante la semana de los “teasers“, en la cual no había ninguna referencia al diario, se mostraban carteles y anuncios invitando al desarrollo del tercer mundo, mediante la compra de órganos, o a la integración de los inmigrantes, mediante un cambio en el color de su piel, y otras ideas por el estilo.
Aunque al cabo de una semana, el diario ha empezado a poner un cartel sobre impreso en el que se indica que Le Soir se rebela contra la inaceptable, se ha generado confusión suficiente como para que la policía belga investigase algunas de las webs que se indicaban en los carteles.
En Le Soir, dicen:
El problema no es que nadie vaya a pensar que el periódico apoyaba el tráfico de órganos. Sino que la gente conoce ya las triquiñuelas publicitarias y saben que lo único que se persigue con una técnica similar es el ruido.
Ahora ya se ha generado el ruido (este mismo artículo contribuye a ello, claro está), ¿llegarán en algún momento las nueces?




